FRANCISCA, LA «ACTIVISTA»

Da la sensación de que una parte de este país naturalizó que una compañera y colega haya recibido, a plena luz del día, en el Día del Trabajador, una bala en la cabeza mientras hacía justamente eso: trabajar.

Es así, ¿no?

O sea, pensemos: Si esto le hubiera ocurrido a otra trabajadora, a una de “Sanhattan”, por ejemplo, ¿alguien podría asegurar que las repercusiones de un hecho como este -el de una trabajadora asesinada por un delincuente, frente a la inacción de funcionarios de la policía a quienes se vio dialogando amablemente con los criminales- habría sido tratado por las autoridades, por los medios de comunicación empresariales y por gran parte de la sociedad, de la misma forma como se trató el de Francisca Sandoval?

Evidentemente no. Y no se trata de una especulación; es más bien una constatación. En Chile hay dos tipos de personas: aquellas que tienen poder político, económico o religioso… y nosotros… Francisca.

Veo el video en donde se ve a Francisca durante el estallido social siendo atendida por un brigadista de salud, evidentemente intoxicada por el agua y los gases que arroja Carabineros, y pienso: ¡Eso es! El asesinato de Francisca a plena luz del día, en el Día del Trabajador, no le importa a una parte de sus “colegas” porque cuando ellos estaban recibiendo al ministro del Interior que recorría medios intentando reprimir también comunicacionalmente el ‘estallido’ que tenía encima, Francisca estaba en la calle enrostrándoles con su trabajo que era ahí donde tenían que estar. Porque mientras ellos recibían en una oficina con café y galletas al represor, Francisca estaba intentando volver a respirar y abrir los ojos producto de la violencia ordenada por ese mismo represor.

Y todos sabían que era así. Por eso algunos han preferido llamarla “activista” y no compañera ni colega.

Y la llaman “activista”, como si eso fuera un insulto, una mancha profesional que implica deslegitimidad.

Como si en este país los periodistas más reputados de los principales medios de comunicación no evidenciaran groseramente ser activistas. Como si no hubiésemos visto cada fin de semana a Iván Valenzuela, en el principal programa político del canal de una de las familias más ricas de Chile, guardar silencio ante las descaradas mentiras de algunos de sus invitados.

Como si en este país Matías del Río o Constanza Santa María no fueran evidentemente activistas de un modelo de “desarrollo” que favorece a una clase en perjuicio de otra. Como si no nos hubiésemos dado cuenta que tienen un trato distinto frente a sus invitados dependiendo de si estos son de izquierda o de derecha. Como si no los hubiésemos visto alterarse cuando alguien reconoce que su objetivo es terminar con las AFP.

Como si no supiéramos que Carabineros filtra videos e informaciones falsas a los noticiarios de la prensa empresarial que han llegado a afirmar en vivo que a Camilo Catrillanca lo mataron porque estaba “robando”. Como si no nos hubiéramos enterado que en CNN Chile estaba prohibido mencionar el nombre del “Perro Matapacos” durante la revuelta. Como si hubiese sido una invención nuestra el haber oído, tras la derrota de la ultraderecha en las últimas elecciones, a Del Río preguntarle en el programa Estado Nacional al entonces jefe de campaña de José Antonio Kast, Cristián Valenzuela, que qué había pasado que “nos ganaron”…

Un recuerdo. Una vez una periodista de El Mercurio, en un chat creado durante el estallido social, le espetó a una colega que colgó un afiche de una marcha de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, que era una “activista”. Esa persona, la que trató de activista a una compañera de labores, era la periodista que en el diario que participó del golpe de Estado y luego fue fundamental en el encubrimiento de las aberraciones cometidas, escribía los artículos que tenían como objetivo victimizar a los criminales de lesa humanidad que cumplían condenas en Punta Peuco.

La diferencia entre los periodistas que se activan por luchas como los Derechos Humanos y quienes lo hacen por un modelo económico que les permite vivir privilegiadamente, es que los primeros no tienen ningún motivo para intentar ocultarlo.

* Editorial reproducida en el capítulo especial de ‘Voces en Resistencia’ dedicado a los ataques a la prensa independiente, realizado el lunes 23 de mayo de 2022.

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